Archivos Mensuales: noviembre 2015

Ilusiones ópticas

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page_1En la portada de Conjunto Vacío, primera novela de la mexicana Verónica Gerber (1981, ganadora del Premio Aura Estrada 2013), no hay título. Al menos, no uno con palabras. Tampoco aparece el nombre de la autora. Es una portada completamente negra y con el símbolo matemático de “conjunto vacío’ al centro y de gran tamaño. Llama la atención y también tiene todo el sentido del mundo. En las muchas historias que cuenta esta novela las palabras no alcanzan. Todo termina por desaparecer.

El inicio es brillante con una narradora que afirma que su “expediente amoroso es una colección de principios.” Y que: “[c]uando te conviertes en un coleccionista de inicios también puedes corroborar, con precisión casi científica, la poca variabilidad que tienen los finales.”

La narradora, Verónica (V) es abandonada por su pareja, Tordo (T). También por su madre (M) que deja su departamento atrás y en el que (V) se refugia, como en un búnker de la memoria. La narración está llena de referencias visuales: (V) trata de entender la vida, el desamor, las dinámicas familiares, desde la geometría. Así, las páginas de esta novela mezclan palabras y numerosos diagramas y conjuntos. Conjuntos, en muchos sentidos, vacíos; conjuntos sin respuestas. Y eso es algo que se agradece. La novela de Gerber es compleja y no transa con respuestas. Si algo hay es una acumulación de preguntas. De historias que, de pronto, se evaporan sin nunca acabar del todo.

(V) intenta olvidar a (T) y para esto decide mantenerse ocupada. Comenta la narradora: “Para olvidar a alguien hay que volverse extremadamente metódico. El desamor es una especie de enfermedad que solamente puede combatirse con rutina.” Y (V) consigue un trabajo ordenando los papeles de una escritora menor, Marisa, que ha dejado tras de sí otro comienzo:“Todos sus manuscritos eran el mismo una y otra vez, todos tenían un comienzo idéntico (…)Leí tantas veces la primera frase que terminé por aprendérmela de memoria: ‘No se puede volver al lugar del que uno se fue’; me recordaba a los tangos que oía Mamá (M) cuando estaba nostálgica.”

(V) guarda fotos, recortes de periódicos, organiza las cartas de un amor apasionado en las que un misterioso S afirma que “[e]l amor siempre nos demuestra la circularidad del mundo”. Ella misma envía cartas a Alonso (A), cartas que escribe en código y de las que finalmente espera más de lo que éstas le pueden dar. Una vez más las palabras no alcanzan.

Y la geometría a veces tampoco. Si bien nos habla de los límites de las cosas y acaba revelando historias, como cuando (V) reflexiona sobre la prohibición de los diagramas de Venn durante la dictadura en Argentina: “A través de ellos se puede ver el mundo ‘desde arriba’, por eso me gustan los diagramas de Venn. No hay mucha documentación al respecto, pero durante la dictadura militar en Argentina se prohibió su enseñanza en las escuelas.” Y sigue: “Los diagramas de Venn son herramientas de la lógica de los conjuntos. Y la dictadura, desde la perspectiva de los conjuntos, no tienen ningún sentido porque su propósito es, en buena medida, la dispersión: separar, desunir, diseminar, desaparecer. Tal vez es eso lo que la preocupaba, que los niños aprendieran desde pequeños a hacer comunidad, a reflexionar en colectivo para descubrir las contradicciones del lenguaje, del sistema. Visto así, ‘desde arriba’, el mundo revela revelaciones y funciones que no son del todo evidentes.”

Conjunto Vacío es una novela ambiciosa, de prosa clara e intervenciones brillantes. Una historia que explora los límites del lenguaje y de las relaciones humanas porque “[e]s en los límites – en las orillas – donde las cosas tienden a desdibujarse.’ Una novela que muestra cómo el desamor tiene su propia geometría, sus particulares reglas matemáticas, y que, a veces, dos menos uno es menos que uno ( o ese uno se lleva todos los amigos, los libros, las palabras conocidas).

La memoria como una ilusión óptica.