Radio Nettel

Estándar

nettelDicen que las ondas de radio siguen circulando aunque no podamos verlas. Son presencias fantasmales como lo son también las voces que se transmiten a través de ella. Así, por ejemplo, podemos escuchar una canción de Frank Sinatra con toda nitidez, aunque el cantante ya lleve muchos años fuera de este mundo. A través de la radio (y también Itunes, Youtube, y formatos varios) dejamos entrar voces de pasados y presentes. La radio como una máquina del tiempo, como una casa embrujada, como una caja de ecos.

En Después del invierno, la más reciente novela de la escritora mexicana Guadalupe Nettel – y que recibió el prestigioso Premio Herralde el 2014 – hay un oído atentísimo a silencios y sonidos. Y una confirmación del dicho de David Foster Wallace de que “toda historia de amor es una historia de fantasmas”.

Tenemos a dos narradores: Claudio (un escritorcubano que vive en Nueva York) y Cecilia (una joven estudiante mexicana que vive en Paris). Claudio mantiene una relación incómoda con una mujer mayor y adinerada, Ruth, y Cecilia va armando un cotidianeidad extraña con su vecino, Tom, que padece una brutal enfermedad. Claudio es un personaje insoportable: cursi hasta el dolor de muelas y con un estilo de vida que raya en la asepsia: cada cosa en su lugar, menos el corazón que no se encuentra por ninguna parte. Dice Claudio: “Todo lo vivo me provoca un horror inexplicable, igual al que algunos sienten frente a un nido de arañas. Lo vivo me amenaza, hay que cuidarlo o se muere. En pocas palabras, roba atención y tiempo y yo no estoy para regalarle eso a nadie”.

Cecilia está algo perdida por la vida (dice de la gente a su alrededor: “Era así de simple: ellos tenían claro lo que hacían en el mundo, yo no. Ellos eran los protagonistas de algo apasionante o estúpido –como puede ser cualquier vida–, yo era la espectadora de una película cuyo inicio no recordaba”)y se dedica a contemplar a las personas que visitan el cementerio que queda frente a su apartamento. Comenta que “En diferentes momentos de mi vida, las tumbas me han protegido”, pues era al cementerio a donde la llevaba a pasear su padre una vez que su madre los abandonara. Para no sentirse tan sola, mantiene siempre la radio encendida “[p]ara saber que, al menos en alguna transmisora, la gente está viva, toma café y charla tranquilamente, hasta las tres de la mañana”. Este gesto molesta a Tom, su vecino, quien la visita para quejarse de los ruidos. Ella, ni se había dado cuenta. Tom apaga la radio y, con ello, apaga todas las voces.Tom le explica: “…los libros acompañan. Encierran los pensamientos y las voces de otras personas que viven o han vivido en este mundo. Todos estos autores tienen en común el hecho de estar enterrados aquí, frente a nosotros. Aunque no los escuches todavía, nos hablan todo el tiempo. No sólo ellos, también los que nunca escribieron nada. Los oirías si no pusieras el radio”)

En el silencio, en lo no dicho, se empieza a construir una relación extraña entre los dos (“Teníamos el pacto tácito de no hacernos preguntas. Sólo sabíamos las cosas que el otro quería contar acerca de sí mismo”).Y, en medio del silencio, la atención de Cecilia por lo que la rodea se intensifica: “Comprendí que era posible descifrar la vida de todos ellos a través de los sonidos que emitían. En un par de semanas logré incluso reconocer la diferencia de las pisadas y la forma en que cada uno cerraba la puerta”.

[Comienza la historia de amor. Llegan los fantasmas].

Tom también siente fascinación por los cementerios: se dedica a visitarlos en todas partes del mundo e incluso compra lugares para ser enterrado eventualmente en alguno de ellos. En un momento de la novela, Tom lleva a Cecilia a recorrer Pére-Lachaise, sin mapa, sin destino preestablecido, y lee el camino improvisado por ella como una tirada del tarot. Claudio, por su parte, está obsesionado con el silencio y la música. En su casa tiene apagado el teléfono, lo que más admira de Ruth son sus labios (en boca cerrada, siempre, sin hablar: “Los labios de Ruth son grandes y carnosos pero no era eso y tampoco el color carmín que los cubría aquella noche lo que inspiró mi comentario, sino esa forma tan rotunda de callar”) pero, a la hora de escuchar música, es un entendido e impone sus gustos musicales sin pensarlo dos veces (“Como en el poema de Baudelaire, la música es a veces para mí una nave que me transporta a lugares que no existen. Caigo, por ejemplo, en el ridículo de imaginar una vida impecable, distinta de la que llevo, sin sus carencias e imperfecciones”). Para él, la música es su refugio frente a la suciedad del mundo, el único espacio íntimo que le interesa cultivar: “Cuando por fin llegué a mi departamento no pude sino refugiarme en la música. Elegí un disco de Stevie Wonder, un autor que muchos pretenciosos menosprecian injustamente. La vida secreta de las plantas era la única vida secreta que me interesaba escuchar esa tarde”.

En un viaje a Paris, Claudio conoce a Cecilia y se enamora de ella. O mejor: la idealiza hasta el extremo. Para acercarse, le envía discos de música (el día que la conoce, pone uno de sus discos en la casa de ella, que luego deja de regalo) con instrucciones precisas de cómo debe escucharlos. Así, cuando le envía Dark Intervals de Keith Jarrett le dice: “Supongo, Cecilia, que a estas alturas ya habrás recibido el sobre. Me decidí a enviártelo porque necesito explicarte algunas cosas y porque sé que no podría decirte nada ni más exacto ni más candorosamente idéntico a lo que esa música dice y espero te diga de mí. Cierra los ojos y escucha «Americana». Cuando llegues a la altura del minuto 2.19, o del 2.56, o del 4.16, o del 5.25, o del 6.11, imagíname a tu lado”.

Cecilia agradece los discos, pero ignora por completo las instrucciones (“Más que rechazo o curiosidad, tantas precisiones me dieron pereza”).

Los dos narradores se encuentran. O tal vez sería más preciso decir que se des-encuentran. Por un rato leemos los capítulos de él y ella, cada uno contando su versión de lo ocurrido y luego todo se desborda. En un momento, ella lo visita en Nueva York y lo primero que le molesta de él son sus sonidos: “No era deliberado, pero tampoco podía dejar de notar, desde el interior de las sábanas, los ruidos de la ducha y la máquina de café, de una manera similar a como escuchaba los de mis vecinos. No los disfrutaba en absoluto”.

(Y no adelanto nada más para no arruinar la lectura de esta novela).

Ambos narradores cargan con fantasmas (Claudio el de una ex novia, Susana; Cecilia el de la ausencia de su madre y luego la presencia/ausencia de Tom que se va en un largo viaje) y son, a su vez, espectros: él porque pareciera vivir la vida queriendo no ensuciarla (“Una de las reglas que me impongo con las mujeres es no saber nada acerca de su vida anterior a mí. Eso las mantiene, a su vez, apartadas de la mía. En pocas palabras, la discreción levanta una barrera de distancia tan necesaria a mis ojos como la higiene más elemental”); ella porque su vida está en espera mientras regresa Tom (“Esperar a alguien, al menos de esa manera, equivale a cancelar la existencia de uno mismo, a hipotecarla por un tiempo condicional, a cambiarla por un absurdo subjuntivo”.)Y, entre tantos espectros, está la música que une destinos, sí, pero por instantes. Una música que, como dijera Joyce de la nieve, cae también “sobre los vivos y los muertos”. La música que, como dice Cecilia, es tal vez la única forma de expresar la muerte: “Me dije que había algo en el hecho de morir que no podía ser expresado con palabras ni en ningún libro del mundo. Probablemente la música fuera el medio más adecuado para hacerlo”.

Vivos, muertos, espectros; ciudades o cementerios…Guadalupe Nettel (¿Radio Nettel?) sintoniza silencios y gemidos, sonidos y murmullos con precisión maestra.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s