La ferocidad de las canciones

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PORTADA-MATRIOSKAEn “Hoax”, uno de los cuentos de la colección Matrioskas (2014) de la escritora ecuatoriana Marcela Ribadeneira, se lee lo siguiente: “El tiempo desaparece cuando se viaja en un autobús interprovincial. El recorrido no se mide en horas ni kilómetros, sino en canciones que suenan a todo volumen, en un loop tóxico para los tímpanos citadinos, que mata el sueño de foráneos y que arrulla a los locales que llegan a casa.”

Algo parecido puede decirse de la lectura de este libro, un conjunto de relatos que se mueve con la velocidad y ferocidad de las mejores canciones. Un libro como un disco de música, en el cual veinticuatro canciones se suceden unas a otras, cada una brillando con luz propia, transformando todo a su paso y alterando al mismo tiempo nuestra lectura de la siguiente. Como los mejores discos.

Son 24 cuentos y no alcanzo a detenerme en todos por lo que elijo unos cuantos singles.

En ‘La constelación de la clepsidra”, el protagonista, Nataniel se obsesiona con la posibilidad de detener el tiempo por medio de la construcción de complicados castillos de naipes (que intentan emular grandes obras de la arquitectura). En “Sal Marina” un chico – el único de su curso que no conoce el mar – viaja con su padre para cumplir con ese sueño. El viaje es incómodo, el padre cambia de ánimo con facilidad y el chico nos cuenta de su fábrica de pastillas (de tragar tubos enteros de vitamina C) y el sonido de la radio como un panal de avispas. El lenguaje de Ribadeneira corre cristalino y el final es francamente estremecedor.

En “Matrioskas”, relato que le da nombre al libro, una mujer (“Pintarrajeada, con múltiples personalidades, hueca por dentro”) intenta desprenderse de cada una de sus “matrioskas”, las capas falsas de maquillaje y comportamientos heredados de su familia, cada vez con mayor violencia. La recomendación de realizar este ritual de desprendimiento viene de una misteriosa Doctora Blum a la que la protagonista no sabe si creer realmente pero cuyos consejos dejan entrever tintes perturbadores. Comenta en un momento: “Blum decía que se recuerdan de mil maneras las cosas que nunca sucedieron, porque en ese espacio de lo que no fue, caben todas las posibilidades.”

En “Hoax”, mi cuento favorito de la colección, tenemos a la mano las vidas de varios personajes que se cruzan en un pequeño pueblo, Voluntad de Dios, un pueblo donde no quieren a los extranjeros, donde el árbol genealógico vive siempre enredado y se realiza un importante concurso de tecnocumbia. El cuento tienen un final enorme y dan ganas de subrayarlo todo. Es un cuento que se lee con el lápiz a mano y que dan ganas de escucharlo on repeat como la más favorita de las canciones. Cantarlo a gritos. Y con un personaje inolvidable como Agnieska, la peluquera, que ofrece cortes de pelo por un dólar casi de puro aburrimiento (“Agnieska. Por algún antepasado polaco. Por alguna modelo de las revistas de la peluquería. O por alguna turista que visitó el local. Agnieska Lituma Viteri”.)

Por último, dos cuentos breves – Ribadeneira incluye varios en esta colección – destacan con su intervención de momentos: “La Infiel” (“Tiene demasiados cepillos de dientes, en demasiados lugares”) y “Comer en silencio sin mirarnos a los ojos” en el cual se comenta, para referirse a las relaciones de pareja, que “Así no las toques, las cosas se pudren.”

Brillante.

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