El silencio estridente

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Cristoff-altaHay muchas formas de decir el silencio en Inclúyanme afuera, la más reciente novela de la escritora argentina María Sonia Cristoff. Muchas y muy bellas. Y es que si bien Mara, la protagonista e intérprete simultánea, se hastía de su trabajo (o mejor dicho: lo autosabotea) y decide dedicarse a vivir un año en silencio en un pueblo apartado, todo en su actuar logra hacer hablar ese silencio a los gritos.

Mara se emplea como guardia de museo (ocupación perfecta para su nuevo plan de vida) y en su tiempo libre se dedica a escribir un manual de retórica sobre el silencio y a cultivar un pequeño jardín (usando también manuales de otras épocas y latitudes). El manual es brillante y bastaría para sostener la novela, con sus interrupciones precisas que dicen cosas como “ callar es también una disciplina del cuerpo” y “callar puede ser una forma de hacer hablar al otro”. También tenemos acceso a un cuaderno de notas, en el cual Mara comenta sus lecturas, otros manuales, nuevas instrucciones: “Manuales para impulsar la inmovilidad, la observación y el silencio. La cantidad de cosas que pueden llegar a escucharse, a pensarse, si uno se queda quieto, quieto y solo, quieto y en silencio. Otro tipo de zumbido.”

Y es en esta apreciación del zumbido que el plan de Mara se ve interrumpido, al pedirle su jefa que trabaje de asistente para un experto en taxidermia que se encuentra reparando unos caballos, figuras centrales del museo. Y con la interrupción viene un nuevo plan y una nueva violencia.

Inclúyanme afuera es un libro raro, un sonograma de los espacios interiores, una reflexión sobre el lenguaje y sus muchos tránsitos y la figura del traductor que es a la vez barca que facilita el movimiento y ancla incómoda. En un momento la protagonista comenta que lo más importante para una intérprete no es su conocimiento de idiomas sino la rapidez para determinar lo que el otro quiere decir. En esta novela, si bien la velocidad se cambia por la calma y la pausa, el ejercicio de interpretación se mantiene: la interpretación simultánea del silencio, la exploración en sus muchos matices y mutaciones: el silencio de museo y también el silencio de un animal embalsamado que ya no puede gritar ni aullar, el silencio congelado de un testigo de la Historia que ya no hablará más.

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