Árboles que aúllan

Estándar

ImageEstoy convencida de que es posible saber cuándo una persona ha leído un buen libro. O, tal vez, cuándo ha leído un libro fundamental, que la ha remecido. Una especie de aureola, de onda radioactiva, una luminosidad especial. Así como existen otros brillos “post”, el brillo post lectura debería poder ingresar en algún diccionario. El brillo no es necesariamente feliz (no leemos necesariamente para ser felices sino, más profundo tal vez y arriesgado, para sentirnos vivos, para que duela todo) y, en el caso de Bark, última colección de relatos de Lorrie Moore, ciertamente el brillo no es alegre. Es quizás como el de una moneda que brilla bajo el agua. Algo que refleja, que nos encandila a ratos, que sabemos que está por ahí, aunque no sepamos exactamente dónde.

Bark te deja así, bajo el agua, pero entendiendo la vida con una luz diferente, porque Moore se pasea por todas nuestras oscuridades, todos esos secretos escondidos bajo la alfombra, todos nuestros silencios entre dientes. Moore nos saca el corazón de cuajo y sin avisarnos, lo deja ahí expuesto, toma un bisturí y pareciera decirnos: mira lo que te voy a mostrar.

Y Auch.

Son ocho cuentos generalmente centrados en dinámicas de pareja o familiares, en los que la atención a los detalles es violentamente sobrecogedora. Una historia puede estar hablando de un padre y su hija o de una pareja mal avenida y, mientras uno se desliza (o se sumerge, o definitivamente se va al fondo del océano), Moore saca una reflexión aparentemente banal que queda haciendo eco por páginas y páginas. Moore saborea el lenguaje, le saca brillo o, quizás, lo afila con paciencia, como a un cuchillo favorito.

En “Debarking”, un hombre divorciado comienza a salir con una mujer que tiene una extraña relación con su hijo; en “The Juniper Tree” una mujer debe despedirse de una amiga enferma, en una casa en la cual se han plantado todos los árboles y plantas clásicas de los cuentos de hadas; en “Paper Losses” una mujer hace un último viaje de vacaciones con su marido que la está abandonando por otra mujer. Una de sus amigas le comenta: “All husbands are space aliens” y, a poco andar, la mujer comenta: “A woman had to choose her own particular unhappiness carefully. That was the only happiness in life: to choose the best unhappiness”. En “Foes” una pareja ya mayor asiste a una cena en Washington, DC en la que no pasa mucho pero cada línea de diálogo es para aplaudirla, mientras  en “Wings” (mi cuento favorito de la colección, junto al primero) una mujer se encuentra en una relación algo tóxica con un hombre que no sabe qué hacer con su vida y halla algo de consuelo en una curiosa intimidad con su vecino.

Algunos subrayados de esa historia (no puedo evitarlo):

“With Dench she knew, in an unspoken way, that she was the one who was supposed to get them to wherever it was they were going. She was supposed to be the GPS lady who, when you stopped for gas, said “Get back on the highway’. She tried to be that voice with Dench: stubborn, unflappable, keeping to the map and not saying what she knew the GPS lady really wanted to say, which was not ‘Recalculating’ but “What in fucking hell are you thinking?'”

“He was holding a toddler, and was one of those new urban dads so old he looked like the kidnapper of his own child.”

“Losing confidence was more violent than losing love. Losing love was a slow dying, but losing confidence was a quick coup, a floor that opened right up and swallowed.”

“You could lose someone a little but they would still roam the earth. The end of love was one big zombie movie.”

En “Mania” una madre y su novio buscan un regalo apropiado para el hijo que está internado en un hospital psiquiátrico, en “Subject to search” un hombre y una mujer que llevan mucho tiempo (y malas decisiones) esperando estar juntos, cenan en un restaurante en Paris hasta que la Historia, sí, con mayúsculas, llega a entrometerse a la cita. Por último, en “Thank you for having me”, una madre y su hija van al segundo matrimonio de su babysitter. El ojo de la madre describiendo la boda es ciertamente feroz: “The bridesmaids were in pastels: one the light peach of baby aspirin; one the seafoam green of low-dose clonazepam; the other the pale daffodil of the next lowest dose of clonazepam.”

Bark, en inglés, puede significar tanto ladrar como la corteza de un árbol. Me gusta esa ambigüedad y que, en algunos cuentos, el título general de la colección parezca sugerir otras lecturas, otras intensidades. De cualquier manera, la sensación leyendo estos cuentos es poderosa, como si los árboles efectivamente aullaran todos a una vez, maravillándonos y paralizándonos de miedo, dejándonos brillar, sí, pero bajo el agua.

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