Una biografía a chispazos

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ImagenÉste es un típico caso de “no juzgue al libro por su tapa”. Y ni siquiera por el título. Ábralo en la primera página y lea: “En el Cementerio Protestante de Roma, en la tumba de Percy B.Shelley, hay una lápida que dice ‘Corazón de Corazones’, pero falta el corazón. El corazón de Shelley está enterrado con Mary Shelley, su mujer, a cientos de kilómetros, en la ciudad costera de Bornemouth, Inglaterra. Así que en una tumba hay una urna con cenizas incompletas y en la otra hay un corazón de más.”

De ahí en más, siga leyendo, siga leyendo. Porque esta es una historia que se construye a chispazos, a descargas eléctricas que sorprenden al lector, llevándolo de los datos biográficos de Mary Shelley (su infancia paseando cerca de la tumba de su madre, Mary Wollstonecraft, la famosa apuesta nocturna para escribir Frankenstein, las expectativas infinitas de su padre sobre ella, la figura esquiva de Percy y su muerte a bordo del barco Don Juan – porque la vida tiene un humor cruel a veces – y el corazón que guarda consigo envuelto en un poema hasta el momento de su muerte) a las particularidades de una época en la que los cadáveres eran robados todas las noches de los cementerios para ser comprados por científicos y doctores (había quienes, por precaución, compraban ataúdes con llave), en que asesinos se dedicaban a matar a prostitutas e indigentes con el fin de suplir la misma demanda del mercado de la muerte. Todo confluye para darle fuerza a la labor literaria de Mary Shelley. Los apuntes, los fragmentos sacados de diarios de vida y novelas de la época. La escritora argentina Esther Cross arma con pericia una historia donde se distinguen distintas corrientes subterráneas; párrafos precisos y mínimos para dejar insinuados los avatares de muchas vidas.

Dice en un momento sobre Mary Shelley:

“Escribe la historia de un cuerpo hecho de partes ensambladas por medio de suturas, sobre cuerpos trastornados y transplantes. La escritora une en su escritorio lo que el hombre ha desunido en las mesas de Anatomía. Los cirujanos abren y cortan, el doctor Frankenstein cose. Percy B.Shelley corrige los borradores”.

O, en otro momento: “Leer y comunicarse con los muertos eran trances similares: entendimiento con personas ausentes (el muerto, el autor), transportaciones a otros mundos.”

Mi corazón de lectora, y gran admiradora de Mary Shelley (hace tres años que estoy escribiendo una novela con ella como uno de los personajes), se deja llevar feliz y encantada por las páginas de esta historia. Se engolosina con los detalles; respeta los silencios. Mi corazón de académica en cambio, quiere más, pide más: busca sin encontrar una bibliografía al final del volumen, se inquieta cuando ve el fragmento de algún diario citado sin la pertinente referencia al pie de página.

La mujer que escribió Frankenstein es tanto, pero tanto más que cualquier libro que intente contenerla. Y Esther Cross lo sabe. Su libro es un homenaje cuidado a una autora y su época. Una biografía en instantáneas que deja con ganas de más.

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