Archivos Mensuales: junio 2013

Bocanadas de aire fresco

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ImageEsmog: 100 grageas para morir de pie, del ecuatoriano Huilo Ruales Hualca, al contrario de lo que podría pensarse por su título, es una verdadera ventana abierta por donde circula el aire fresco. En su prólogo a este libro, Fernando Iwasaki comenta cómo Huilo Ruales es capaz de “convertir un párrafo de seis líneas en las cuerdas de una guitarra”, y tiene mucha razón, porque en estos cuentos se encuentra la musicalidad precisa, con palabras que van sonando y resonando unas en otras, con temas que se repiten adquiriendo una nueva melodía o vibración (como “La Certidumbre”, en sus múltiples variaciones, o, mi serie favorita: “Los Niños Grises”).

Hay algo de trabalenguas y algo de cuento de hadas en estos microrrelatos, con historias en las que una pequeña niña se convierte en el verdadero lobo de La Caperucita, o fábulas que recuerdan a los textos de Monterroso, aunque dueños de una brutalidad más despiadada.

Así, por ejemplo en “Círculo Vicioso” se lee: “Después de tanta guerra vino la paz, pero de ella solamente disfrutaron las ratas y algunos niños que, para no morir de tedio, jugaban a la guerra”.

O, en “Al fin, la primavera”: “El pederasta y el exhibicionista están nuevamente en el jardín público. Al fin ha llegado la primavera”.

Este libro de formato pequeñito, pero de contundentes 261 páginas, se lee como la brisa; con cuentos llenos de erudición y astucia (como el precioso relato “Esperando a Godot”, en el cual hay dos clases de personajes, Errabundos e Invasores, que se van perdiendo y encontrando en calles como “El Callejón del Mirlo”), de una brevedad que  a ratos golpea y  siempre-siempre encanta.

Y, vuelvo a las palabras de Iwasaki en el prólogo, quien dice, tan precisamente, que “en este continente famoso por sus novelas enormes como catedrales, coléricos amores y pájaros obscenos, hacen falta más escritores como Huilo, que crean que el tamaño no importa”.

Un libro increíble.

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El calor de la Hipotermia

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ImageSi hay algo que me da rabia (lectora) es terminar un libro buenísimo para darme cuenta de que fue publicado el año 2005. ¡2005! Hace ocho años que Hipotermia, del escritor mexicano Álvaro Enrigue anda circulando por librerías y, como dice la canción:” (y) yo no lo sabía.”

Hipotermia es una colección de cuentos brutal. Más que la pérdida de temperatura, el frío que lleva a la somnolencia y la muerte (a la que alude el título), estos relatos te despiertan a cachetadas, te sacan rabias, carcajadas y miedos de donde no sabías que los tenías. Muchos tratan de personajes escritores: en “La Pluma de Dumbo”, un padre que se cree escritor (dice la primera línea del cuento: “Soy un escritor de categoría, pero nadie lo sabe”) es puesto en evidencia por su hijo que le pregunta que cuántos libros ha publicado; el escritor se aferra a una pluma de oro que le regalara su hermana al graduarse como talismán para escribir las mejores novelas jamás publicadas, que, en su caso, solo quedan en un comienzo medio a maltraer; o en “Superación Personal” otro escritor que no ha tenido éxito con sus producciones es conminado a escribir un libro de autoayudas que se convierte en una gran revelación y fuente casi inacabable de ingresos; en otros cuentos, el enfoque se queda en las familias y en la posición algo dislocada del padre dentro de ellas. Así, en “Diario de un día de calma”, un padre se queda solo por todo un día en una casa de playa, soledad que es tomada como premio hasta que las horas pasan y la espera de la familia se vuelve agónica, o en “Meteoros” – un relato que se construye como maravilloso tríptico de miedos, desastres y pérdidas – un padre busca desesperadamente a sus hijos en la guardería de una universidad arrasada por un tornado.

Las descripciones de Enrigue son magistrales y vertiginosas, alcanzando alturas delirantes como en “Salida de la Ciudad de los Suicidas”, cuento en el cual un chef con mal de amores es llamado a competir en un extraño programa de cocina, mientras la gente se suicida en distintos puntos de la ciudad, como parte de una brutal coreografía.

Hipotermia es de esos libros que una termina de leer y quiere correr a comprarlo otra vez para regalárselo a todos sus amigos lectores. Mientras lo hago, les dejo acá mi reseña, recomendándolo a gritos.

 

Un viaje hacia la luz

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20130607-095723.jpgCuenta esta novela que Alexander Von Humboldt bautizó a Ecuador como la “avenida de los volcanes”; acto seguido, el personaje principal, Kazbek, comienza a enumerarlos. Son dieciseis. Como son también dieciseis los insectos dibujados por el señor Peer y sobre los cuales Kazbek debe escribir pequeños textos.
Así de simple y así de bello, esta novela del ecuatoriano Leonardo Valencia tiene la majestuosidad volcánica que admiran tanto sus personajes. Una historia que puede leerse como una fábula sobre el arte y la belleza, que recuerda a las historias más breves de Kafka o Italo Calvino, o a la perfecta simplicidad de Yoko Ogawa en La fórmula preferida del profesor.
La novela entrelaza la “misión” de Kazbek de escribir textos para cada uno de los dieciseis escarabajos con su propia historia como escritor, obsesionado con escribir sobre un antiguo mentor, Dacal, y entablando una misteriosa relación con una mujer, Isa, así como también nos ofrece los dibujos (en bellísimas ilustraciones de Peter Mussfeldt) y la historia de su creador, Peer, quien “pierde” una letra de su nombre durente un curioso encuentro con Picasso.
En un momento de la historia, un personaje comenta que los libros hacen de sus lectores “viajeros en busca de la luz”; Kazbek, de Leonardo Valencia, entrega a sus lectores un viaje perfecto rumbo a una luz incandescente.

Así de cerca de ser felices, así de cerca de perderlo todo

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ImageThis Close (2013), de Jessica Francis Kane, es una impresionante colección de historias. Cada una por separado, y todas afectándose unas a otras, funcionan como una verdadera sinfonía, magistral, avasalladora. Una sinfonía con movimientos tristes, devastadores, con relatos que hablan de la muerte de una niña y de qué manera su madre se obsesiona con las palabras que una extraña les dijera en una farmacia (y que parecían vaticinar el infortunio) en “Next in Line”, o la historia de una mujer de cuarenta años que vive y cuida a su padre de noventa, como con los dientes siempre apretados y el fantasma del accidente mortal de su madre sobrevolándonos como pájaro de mal agüero (en “The Essentials of Acceleration”); con movimientos incómodos, como la historia de un joven abogado que establece una extraña amistad con el hijo de las dueñas de un drycleaner o tintorería en Nueva York (en “Lucky Boy”) o la historia de una tensa cena de un grupo de amigos con la madre de uno de ellos, que acaba de morir ahogado (en “Double Take”).

This Close nos hable de historias que se acercan a un límite, a esa línea que puede separar una velada exitosa de un desastre, una conversación algo triste por un quiebre definitivo. Leemos sobre personajes en un cuento para luego volver a encontrarlos, en otro momento de sus vidas, un par de cuentos más adelante, recurso que otorga una intensa sensación de familiaridad y cercanía al lector. Así, el joven abogado del primer cuento, Henry, aparece mucho más adelante como H. el padre ya maduro de una niña muerta de una súbita epidemia de meningitis; o Mike, el niño que se entera de la separación de sus padres por media de una tristísima venta de garage (en “First Sale”), aparece cuentos después como el hombre que se ahoga bajo misteriosas circunstancias.

La cotidianeidad que presenta Jessica Francis Kane está descrita con un ojo a ratos brutal, a ratos dolorosamente conmovedor, siempre así de cerca del llanto, así de cerca de la sonrisa o el sarcasmo.

Un libro Maravilloso.

Un álbum de fotografías imposibles

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ImageConfieso que no sabía nada de literatura ecuatoriana hasta antes de venir a Quito a trabajar por el verano. Por alguna razón, nunca había caído en mis manos nada de ese país y hoy me veo rodeada, literalmente, de tantos muchísimos libros. Debo confesar también que mi selección fue medio aleatoria, medio de juzgar al libro por su tapa (o alguna de sus solapas), pero aquí estoy, combinando mis siempre gringas lecturas con cuentos y novelas Made in Ecuador.

Álbum de Familia, de Gabriela Alemán, es un libro astuto e inquietante. En su índice vemos títulos que corresponden a eventos “fotografiables” o memorables en toda familia como “Bautizo”, ‘Veraneo”, “Paseo de Curso”, “Confirmación’, “Matrimonio”, etc, sin embargo, cada uno de los cuentos se encarga de dinamitar completamente las expectativas del lector. Porque lo cierto es que estas historias son precisamente aquellas que jamás tendrían cabida en un álbum de familia, los eventos tristes, los traumas dolorosos, la decepción, aquellas cosas que es preferible no inmortalizar para ver si así, quizás, pueden desaparecer o doler un poco menos.

En “Bautizo”, la iniciación de un hombre en el buceo (en Galápagos) y la curiosa relación que establece con su instructor acaba en un final tristísimo (como inundado de agua); en “Veraneo” se desenmascara a una extraña condesa y su historia en Ecuador,en “Confirmación”, no se trata de confirmar la fe de un creyente sino de las complejas manipulaciones que un grupo de religiosos y las petroleras ejerce sobre comunidades indígenas en el Amazonas. En mi favorito, “Matrimonio”, una mujer se entera de la doble y triple vida de su esposo al revisar sus ordenadísimos cajones luego de que éste muera. En un momento, dice la narradora: “Nada como el orden para evitar que el mundo nos estalle en la cara”. O, más adelante: “Ahí estaba, la vida de Jorge desplegada sobre un metro cincuenta de madera. Papeles apilados que, sumados, marcaban un mapa de algo.”

Se trata de cuentos de lenguaje sencillo, pulcro, que van hilando de a poco un universo contundente. Habrá que seguir leyendo a Gabriela Alemán.