Archivos Mensuales: mayo 2013

La felicidad de leer a David Foster Wallace

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ImageSigo con los ensayos antes de embarcarme en una extensa jornada de posts sobre literatura ecuatoriana. No comienzo hoy porque aún me falta leer, porque este blog es sobre recomendar libros buenos y no destrozar aquellos que no lo son. Y en mi búsqueda de literatura ecuatoriana, aún me falta deslumbrarme un poco más.

Sigo leyendo.

Both Flesh and Not es una colección de ensayos increíble. David Foster Wallace es un genio, se quitó la vida hace pocos años y hoy las casas editoriales se encargan de editar sus libros póstumos o recolectar artículos o armar biografías esquivas del autor. Si no ha leído aún Infinite Jest, por favor hágalo. Es una novela gigante, se siente como escalar el Everest pero es igual de reconfortante que realizar semejante proeza. Eso me imagino yo, al menos.

Han habido críticas encontradas sobre este libro. Se dice que es irregular, que muchos ensayos son vergonzosos y nunca debieron ser publicados, que se trata de un libro oportunista. Y probablemente tengan razón. Pero la verdad es que con sólo leer su ensayo sobre Federer, su reseña a la novela Wittgenstein’s Mistress (de las reseñas más convincentes que he leído en la vida, al segundo párrafo ya quieres correr a comprar el libro y no dormir hasta acabarlo) o su reflexión acerca de las nuevas generaciones de escritores (especialmente aquellos “criados”  en los talleres de escritura creativa), el libro se da por pagado.  Porque en ellos se ve la inteligencia brutal de Wallace, su especial dedicación a las palabras (entre los ensayos se intercalan listas de palabras “difíciles” que a Wallace le llamaban la atención y quería usar en sus textos), su maravilloso ojo lector y crítico; una verdadera delicia.

Y, si a eso le sumamos su ensayo sobre la diversión y la escritura, “The Nature of the Fun”, en el que compara a lo que escribimos con un niño molestoso, sucio, baboso, que nos persigue a todos lados; aquello que creamos y vamos perfeccionando y que, a pesar de todo, con todo, queremos; el deslumbramiento es total. Un ensayo que se lee como paliza, que le recuerda al escritor la importancia de la diversión en su trabajo (en lugar de la figura mártir, de escritor sufriente-doloroso)y que, si aún no ha leído a Wallace, es tremenda puerta de entrada a su especial manera de mirar el mundo y a su magnífica-increíble obra.

La vida, la literatura: instrucciones de uso

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ImageAquellos que me conocen, o han leído algo este blog, saben que suelo quedarme pegada en categorías. Me pongo a reseñar colecciones de cuentos, una tras otra, o novelitas cortas, o me engolosino contándoles de los escritores bolivianos, las escritoras españolas y, así, un largo etcétera. Y así es como, de los ensayos o apuntes sobre cine de Fuguet, paso a los ensayos maravillosos de Jonathan Franzen.

Breve introducción: Franzen es impresionante. The Corrections (Las Correcciones) es otra de esas novelas para enmarcar, o para dejarla en exhibición en la casa, cual escultura, o tras una vidriera. Freedom, que sacó hace unos años, no me impactó tanto, pero los ensayos de Farther Away te dejan , verdaderamente, sin pestañar. Tanta es la urgencia por no perderse nada, por no dejar de leer.

La colección de ensayos es variada pero siempre genial: desde un “commencement address” (o discurso de graduación) increíblemente titulado “Pain won’t kill you’, a sus reflexiones sobre David Foster Wallace en “Farther Away” (donde, entre otras cosas, comenta que esparció parte de las cenizas de DFW en Masafuera, Chile) o “David Foster Wallace”, sus pataletas o berrinches (adorables y, por lo general, bastante atinados) contra la tecnología o el exceso de sentimentalismo, en “I just called to say I Love You”, su reflexión acerca de las 4 preguntas típicas que debe contestar todo escritor, en “On Autobiographical Fiction”, a su impresionante reseña o repaso del talento gigante de la canadiense Alice Munro (What makes you so sure you’re not the evil one yourself?”), todos sus ensayos están llenos de una energía avasalladora.

Como dice Franzen sobre Munro, a ella no se la puede citar ni sintetizar el argumento de sus obras; nada le hace más justicia que “lea lea lea a Munro”, lo mismo pasa aquí. Lea, lea. lea a Franzen. Como él mismo dice acerca de la literatura (y bien puede aplicarse a sus ensayos): no salvará al mundo, pero puede salvarte a ti.

PS: Igual, a modo de postdata, les dejo un par de citas:

“I like stories because they leave the writer no place to hide. There’s no yakking your way out of trouble; I’m going to be reaching the last page in a matter of minutes, and if you’ve got nothing to say I’m going to know it”.

“She [Munro] is one of the handful of writers, some living, most dead, whom I have in mind when I say that fiction is my religion. For as long as I’m immersed in a Munro story, I am according to an entirely make-believe character the kind of solemn respect and quiet rooting interest that I accord myself in my better moments as a human being.”

“…unless the writer is personally at risk – unless the book has been, in some way, for the writer, an adventure into the unknown; unless the writer has set himself or herself a personal problem not easily solved; unless the finished book represents the surmounting of some great resistance – it’s not worth reading. Or, for the writer, in my opinion, worth writing”

“To go through a life painlessly is not to have lived. Even just to say to yourself, ‘Oh, I’ll get to that love and pain stuff later, maybe in my thirties,’ is to consign yourself to ten years of merely taking up space on the planet and burning up its resources. Of being (and I mean this in the most damning sense of the word) a consumer”.

“What love is really about is a bottomless empathy, born out of the heart’s revelation that another person is every bit as real as you are”

Las películas de Fuguet

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ImageYa lo dije anteriormente en este blog; he seguido desde siempre la carrera de Alberto Fuguet, no soy su fan absoluta pero Las Películas de mi Vida me pareció una maravilla y ahora Cinépata me ha dejado completamente deslumbrada, alucinada, con ganas de salir corriendo a ver todas, pero todas las películas que recomienda, a leer las revistas de cine de las que habla, o las biografías de otros críticos que menciona, como al pasar, con una precisión, sí, de francotirador.

Porque el Fuguet de Cinépata apunta y no falla nunca; logra que quieras ver Paranorman como nunca has querido ver algo antes, con efervescencia de fan, incontrolable, imposible, avasalladora. Fuguet es implacable, hace pedazos a Wes Anderson (“Wes Anderson hace una cinta masculina para mujeres lastimadas que echan de menos sus esquelas de Hello Kitty”) de tal manera que una (que admira bastante a Anderson, con sus esquelas de Hello Kitty y todo) no es que cambie su opinión pero sí empieza a ver sus películas, en retrospectiva, con otros ojos, entendiendo el punto de vista de Fuguet (pero aún queriendo defender a Anderson con espada samurai a lo Kill Bill).

Cinépata es un gran libro sobre el cine, sobre el cine que se vuelve adicción y pulsión casi mutante, sobre ese que se mete bajo la piel, que infecta, que no deja dormir hasta que pase el último de los créditos.Fuguet habla de la experiencia gigante que es ver una película en una sala  vacía, se lamenta un poco de la sobreabundancia de información a la que tienen acceso todos los cinéfilos hoy; se queja de la porno-pobreza que parece ser la tónica de muchos filmes latinoamericanos (“Detesto con toda mi alma las coproducciones latinoamericanas, donde el equipo parece una reunión trasnochada de la OEA”), saca banderita de fan para Rohmer, para el Woody Allen de Manhattan, se esfuerza en destronar mitos como los que dicen que los documentales son aburridos, se detiene en películas indies, ofrece cuentos (el buenísimo “50 minutos”), apuntes de rodaje, fragmentos de guiones, como buen Doctor Frankenstein que armara a la cinepatía como su particular, parchada, ecléctica creatura.

Y es una verdadera delicia leerlo.

Miniaturas Maravillosas

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ImageLos Cuentos Completos de Lydia Davis son de los mejores cuentos que he leído en la vida. Así de simple y honesto. Son verdaderas miniaturas, perfectas y brutales; cuentos de no más de nueve páginas, muchos de ellos de sólo un párrafo o una sola página completa; lo que hace que el volumen, de más de 700 páginas, se lea como si nada. Porque una vez empezado el libro es imposible parar; da cargo de conciencia dejarlo sobre el velador y dignarse siquiera a dormir. Aunque sea poco. Aunque sea para retomar el libro rápidamente en cuanto comienzan los desvelos.

Hay ironía brutal en estos cuentos, mucha belleza y una soledad terrible que, sin embargo, siempre da pie a la sonrisa o, al menos, a una risa sarcástica. En uno de mis cuentos favoritos de la colección, “Le Meurtre”, se relata una historia que va acercándose tensamente al horror, a través de una lección en francés, aparentemente inofensiva, acerca de los animales de la granja (TRE-MEN-DO), o en “The Professor”, una profesora de inglés confiesa que siempre ha soñado casarse con un vaquero, para alejarse de us círculos sociales en los que la gente piensa tanto. En “City Employment”, un cuento brevísimo y delirante de poco más de una página, se habla acerca de cómo el gobierno paga a personas para llamar con el número equivocado o caminar más lento por la calle cuando andamos con prisa. Dice en un momento: “People of all ages are hired by the city to act as lunatics so that the rest of us will feel sane”.

Lydia Davis es una verdadera maestra del cuento. Y esta colección, definitivamente, merece una ovación de pie.

PD: en español, lo editó Seix Barral el 2011.  Si puede, por favor vaya por él.

Nosotros, los monstruos

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ImageWe Others es una compilación de los mejores cuentos de Steven Millhauser, algunos nuevos y otros sacados de sus colecciones anteriores. En otras palabras: lo mejor de lo mejor. En aún otras palabras: usted corra a leer a Millhauser.

Porque leerlo es como empezar a usar anteojos luego de años viendo mal: todo adquiere una nitidez que llega a doler, te vuelves capaz de admirar detalles que antes eran sólo una mancha bastante borrosa.

Millhauser observa con una lupa la realidad y el corazón de sus personajes. Una lupa que nos devuelve lo monstruoso de la cotidianeidad y sus absurdos, así como también nos regala, como una cachetada (que despierta, pero siempre duele), la monstruosidad de nosotros mismos.

En “The Slap”, por ejemplo, la historia gira alrededor de un curioso incidente: en un estacionamiento, un hombre recibe una bofetada de parte de un extraño. El suceso comienza a repetirse, con ligeras variaciones, en distintas locaciones de los suburbios, causando el horror de sus habitantes. Siempre el gesto es el mismo:una sola cachetada, y luego el “golpeador” desaparece en lo que tarda la “víctima” de recuperarse de su desconcierto. El atacante lleva puesto un abrigo “trench coat”, como del Inspector Gadget, y eso hace que nadie más en el pueblo se atreva a usar esa prenda de vestir, entre otras ramificaciones curiosas del miedo.

En un momento, comenta el narrador: “Many of us, while openly expressing pleasure at his disappearance, secretly admitted that we would have been happier if something worse had happened in our town, even much worse, so long as it was something we were able to understand, like murder”.

En otro, un joven parece enamorarse de la familia de la chica que le gusta, hasta que la chica comienza a usar un guante blanco en una de sus manos, un guante que no puede quitarse, y con ello empieza a asomarse el horror en esa relación (“it occurred to me that the glove was changing her – turning her into a body, with privacies and evasions”). En otra “We Others”, el personaje principal se convierte en fantasma que acosa a una de sus vecinas; en “A Visit”, el personaje recibe una carta de un amigo de infancia para invitarlo a conocer a su esposa y pasar un fin de semana con ellos, para encontrarse con la sorpresa de que la flamante mujer es una enorme rana (no es broma) y, por supuesto, el fin de semana se vuelve irremediablemente incómodo.

Monstruosas, terribles, maravillosas, brillantemente escritas, las historias de Millhauser son una verdadera clase magistral de lo que significa hacer de un cuento una experiencia perfecta.

Y brutalmente conmovedora.

Una novelita Pop

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ImageRetomo el blog con una novela delirante. Papi, de Rita Indiana, se lee con velocidad de montaña rusa, con ansiedad efervescente, con admiración infinita.

Comienza con “Papi es como Jason, el de Viernes trece. O como Freddy Krueger. Más como Jason que como Freddy Krueger. Cuando una menos lo espera se aparece”.

La voz infantil lo registra todo con una imaginación desbordante; una imaginación que va de lo inocente a lo francamente perturbador o perverso; que desnuda con estridencia la figura del macho caribeño.

Así, dice la narradora:

“Pero en lo que más se parece papi a Jason no es en que se aparece cuando una menos lo espera, sino en que vuelve siempre. Aunque lo maten”.

De ahí en más la novela nos lleva desde las calles de República Dominicana a Cuba, y luego a Miami, la hija (o hijo, la historia no da nunca una versión definitiva) sigue la figura de su padre con devoción, describiendo paisajes de opulencia (“Papi tiene carros que hablan y te dicen que te pongas el cinturón y que cierres la boca, en inglés, francés y otros idiomas”), de pasiones desatadas entre sus muchas novias y los intentos de todas ellas por secuestrarla. Una narradora que está obsesionada con que Lady Di es su madre y que repite insistentemente las palabras en inglés que va aprendiendo y que se transforman en un momentáneo refugio (“Y María Cristina me agarra la mano para cruzar la calle y ya no se la suelto, y en mi mente las palabras nuevas que me ha enseñado también le agarran la mano.”)

Nada escapa a los ojos de esta niña; todo lo absorbe, desde programas televisivos, nuevo vocabulario, a canciones que la rodean, aunque el misterio de la ocupación de su padre (y los peligros que conlleva) se envuelven en un misterio que no logra dilucidarse del todo. Los recovecos de esta historia son muchos, impregnados de una ironía profunda, llevando al lector del dolor, a la sorpresa o la franca carcajada.

Una novela maravillosa.

PD: si le gusta, échele una mirada al grupo de música de Indiana: Rita Indiana & Los Misterios.