Archivos Mensuales: febrero 2013

La Ficción de lo Trucho

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ImageTrucho es una micro-colección de cuentos, una antología breve de sólo cuatro relatos (cuatro relatos magníficos, desquiciados, maravillosos, terribles y tanto más) curada por Federico Falco como parte de las publicaciones de la nueva revista literaria Traviesa (www.mastraviesa.com).

La antología, como lo indica su título, se acerca al concepto de lo trucho (lo “chafa” para los mexicanos, quizás “rasca o pirata” para los chilenos, lo de mala calidad, falso, etc) desde distintas vertientes.

En su introducción, Falco hace un brillante recorrido por la historia de la idea de marca  que trae, por asociación, como un hermano temible, la idea de lo trucho; el aura que impregna a la marca, su fetiche, y ese anhelo o ansiedad que se esconde así en todo lo trucho. En “Omega”, el chileno Diego Zúniga cuenta la historia de un niño que se apropia del reloj Omega (auténtico, o eso cree) de su padre, reloj que puede usarse en la Luna y al que le asigna todo tipo de superpoderes. En “Las Mañanitas” – mi favorito -, de Federico Guzmán Rubio (escritor mexicano), una pareja de mexicanos llegados hace poco a Estados Unidos, invitan al jefe a cenar a la casa, cayendo en todos los estereotipos sobre los mexicanos que tienen los gringos (porque así les aconsejan hacer): sirviéndoles Corona, preparando un insípido guacamole sin picante, poniendo de música lo que le gusta al jefe: “algo mexicano, no sé. Como Jennifer López o Ricky Martin”. Del fetiche y la posterior decepción de lo trucho en el cuento de Zúñiga se pasa a lo trucho como prejuicio, una ficción falsa, de mala calidad, que se hacen los gringos de los mexicanos en este caso.

En el tercer cuento, “La Marca” de Javier González (autor colombiano), la historia de una marca de ropa, desarrollada en base a la copia y robo de otros referentes por una mujer bastante particular, Marilyn (“En realidad no diseñaba, decía mi padre. Se copiaba. Pero con gusto, decía mi madre”) esconde y resalta a la vez el dolor de familias a mal traer, las esperanzas de distintos miembros de la tienda o que visten sus productos, incluso un brutal asesinato.

Por último,  en “Dos sables láser”, Hernán Vanoli (autor argentino) lleva lo trucho a la copia, el doble y el exceso de referencias: desde libros que se leen en fotocopias, novelas que se escriben con recortes e injertos que un otro (un alterego) va poniendo uno junto a otro, visitas a curanderas de mala muerte, al formato del mismo cuento, en el cual se intercalan entradas de diario de vida, con apuntes de reflexión antropológica sobre las ferias donde se venden las copias de todo en la ciudad: zapatos, carteras, etc.

Todos estos cuentos muestran cómo lo trucho no es más que una ficción, algo fabricado, que a ratos muestra más o menos sus costuras, que a veces funciona y otras francamente destiñe. Que dice mucho del producto (un reloj que ya no anda) pero también de quien lo compra (el jefe y su estereotipo de los mexicanos, y el asumir ese estereotipo por parte de estos últimos).

Se trata de cuatro cuentos notables, de cuatro escritores jóvenes latinoamericanos, a los que definitivamente hay que tener en la mira.

Una lectura breve pero genial.

(Trucho está en formato digital en Amazon.com. Y aproveche también de darse una vuelta por Traviesa. Gran iniciativa).

Esos monstruos optimistas

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ImageHope: a Tragedy es la novela más políticamente incorrecta que he leído en mucho rato. Maravillosamente divertida también. Y tan bien escrita, por Dios.

Te ríes y te ríes, y te da como cargo de conciencia por estarte riendo de tanta desgracia y chistes crueles. Genial experiencia lectora. Una suerte de Conjura de los Necios pero con Anne Frank viviendo en el ático.

Así mismito. Como escuchó. Anne Frank. Una vieja loca viviendo en un ático.

Y eso no es todo. La historia cuenta la vida de Solomon Kugel que va con su familia a vivir en un pueblo pequeñito, Stockton, famoso porque en él nunca ha pasado nada digno de recuerdo: allí NO se ha firmado ningún tratado, NO ha vivido ningún famoso, NO se ha librado ninguna batalla. Compran una casa impregnada de un olor terrible, y se mudan allí él, su esposa, su hijo y su madre loca a quien le quedan meses de vida que parecen renovarse continuamente para la desgracia de esta pareja.  La locura de la madre consiste en creerse sobreviviente del Holocausto, algo que ha logrado que Kugel haya sentido culpa y le haya temido hasta a los objetos, durante toda su vida.

Una noche, el protagonista encuentra en su ático a una vieja, en harapos, ya deforme por el encierro, que asegura ser Anne Frank y él se ve en la disyuntiva (terrible, narrada con el humor más negro del mundo) de si echar de su casa a Anne Frank (a Anne Frank!!, y Kugel se imagina los titulares de los diarios, los reportajes en los noticieros apuntando a este judío que deja a Anne Frank sin casa!) o bien dejarla vivir allí a riesgo de perder a su familia, que empieza a complicarse con su presencia.

La confrontación entre Frank y la madre, “falsa sobreviviente”, es terrible. En un momento Anna Frank dice: “I think never forgetting the Holocaust is not the same thing as never shutting up about it”.

A toda esta línea argumental  se le suman personajes geniales, como el propio protagonista que vive obsesionado con las “últimas palabras” de personajes famosos y quiere encontrar las perfectas para cuando a él le llegue el momento de pronunciarlas. O el Profesor Jove que tiene la teoría de que lo peor que le ha pasado al ser humano es el optimismo y la esperanza, que eso es lo que  lleva a creer que se puede cambiar el mundo…y de ahí a la Solución Final, un paso. Los optimistas son los peores monstruos de todos, dice el Profesor.

La novela está llena de referencias a las vidas de otros autores (por lo de las últimas palabras), entre ellos, el filósofo Spinoza, de quien se dice que viajaba siempre a todas partes con la cama de su madre.

Sí, Con. La. Cama. de. su. Madre.

(Su madre que había muerto cuando él tenía 6 años!)

La novela de Auslander es verdadera y fulminantemente GENIAL.

Y genialmente inapropiada también, por cierto.

Siniestros & Gloriosos

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revenge-by-yoko-ogawaOk, lo reconozco, el título es pésimo. Usted lee Revenge y se imagina una película protagonizada por Steven Seagal. O peor.

Pero, no se quede en el prejuicio. Crezcamos, demos vuelta la página, o bien, la portada, y empiece a leer estos cuentos de la última colección de la japonesa Yoko Ogawa.

¿Ve?

Se lo dije.

Revenge es una colección de relatos entrelazados, a veces por personajes secundarios, a veces por detalles nimios. Cada cuento lleva el retrato de la cotidianeidad a los bordes de lo siniestro. Desde una granja donde las zanahorias comienzan a crecer con forma de manos (otra vez, respire profundo, supere su prejuicio…sé que suena horrible, pero Léalo primero), a mujeres que esperan tranquilamente para comprar un pastel para un macabro aniversario, o niños que mueren en un descuido, encerrados por error dentro de un frigorífico. Los cuentos son narrados de forma sencilla y breve, pero todos y cada uno son francamente deslumbrantes.

En un momento, se nos cuenta de una madre que, luego de perder a su hijo en trágicas circunstancias, comienza a coleccionar recortes de diario con desapariciones o muertes de otros niños.  Dice: : “Una niña de once años que fue violada y enterrada en un bosque. Un niño de once años secuestrado por un criminal y luego encontrado en un barril de vino con los tobillos destruidos (…) Yo leía estos artículos en voz alta, recitándolos como poemas”.

O como comenta un personaje en otra de las historias acerca de su madrastra: “No tenía recuerdos de mi verdadera mamá, no tenía idea de qué era realmente una madre. Hasta que esa mujer llegó a vivir con nosotros, una madre no era para mí más una sensación metálica en la parte de atrás de mi nariz”.

Un realismo brutal.

En español hay bastante de Ogawa publicado. Su obra más conocida es La fórmula secreta del profesor. Y hay que leerla. Una novela tras otra, un cuento tras otro, para así quedar bajo el hechizo de Yoko Ogawa por siempre.