Archivos Mensuales: diciembre 2012

¿Sigue el mundo allá afuera?

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ImageUno termina Canción de Tumba de Julián Herbert y ésa es la sensación que queda. Levantar la vista del libro (en mi caso, Kindle) y darse cuenta – con sorpresa- de que es temprano en la mañana, que el cielo está un poco nublado, que probablemente hace frío…Un día como todos, pero que se siente distinto luego de “despertarse” de una novela así.

Herbert dice en un momento que “Todo abismo tiene sus canciones de cuna” y el que inaugura esta novela es infinito. Un relato sobre un hijo que ve agonizar a su madre prostituta en un hospital de México algo destartalado y entrecruza sus memorias de infancia (terribles, fulminantes y magistralmente narradas), con reflexiones sobre la vida, la literatura y otros retazos de su vida adulta y de escritor.

Hay pasajes escritos como con escalpelo, diseccionando una familia que se reparte entre variados rincones de México y Japón (en un momento dice el narrador: “A veces la fraternidad no tiene calles: puros callejones sin salida. Y un agente de tránsito en la sangre diciendo: ‘Circule, circule, circule'”); hay risa y sarcasmo a ratos y una pena que a veces se intenta disimular como borrando de a golpe una lágrima que traiciona el rostro, por lo demás, sereno.

Una novela que se vive como una fiebre, que embarga al lector y que impregna las palabras del narrador. Que trata de retratar a una madre que se escapa en los recuerdos, que se desdibuja y de la que se dicen cosas como: ” Se cambiaba de nombre con la desfachatez con que otra se tiñe o riza el pelo” o ” Ahí, en un rincón de la astronave, mamá pelea hoy el segundo round de su guerra privada contra la leucemia”.

Una novela desgarradora, tremenda y, por sobre todo, imprescindible.

El libro de los viajes equivocados

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el libro de los viejes equivocadosEl título de este libro me gusta tanto que no pude inventarme otro yo para bautizar a este post. Fue su título, de hecho, lo que me obligó a robarme este libro de la biblioteca de mi amiga Denise que se iba de vacaciones y dejaba a sus pobres libracos solos, tristes y abandonados.

Vi en la portada: El libro de los viajes equivocados (de la argentina Clara Obligado), y mi mano se quedó pegada a ella como un imán. Y así también tuve que leerlo, sin parar, en una tarde lluviosa de DC.

Se trata de una colección de cuentos que debe leerse en orden, como indica la autora al inicio. Porque cada cuento va iluminando de particulares maneras a los siguientes, con una caracola que se va paseando de relato en relato, una mujer que se llama Lyuba, un hombre que trabaja en una estación de trenes, etc. De ellos -todos bastante buenos- mis favoritos son dos: “El Silencio” y  “Agujeros Negros”. De esos cuentos imprescindibles que uno los lee y siente como si los hubiese estado esperando toda la vida.

En el primero, un hombre que trabaja en una estación de trenes, y que suele estar románticamente muy feliz de trabajar allí, se ve impactado por las paradas momentáneas de los trenes que van a los campos de concentración de toda Europa. La imagen de una mujer, despidiéndose desde uno de esos vagones, le cambia la vida para siempre, una vida bastante extraña en la cual su esposa vivía obsesionada por las muñecas y el silencio. Aterrador y maravilloso al mismo tiempo.

En el segundo, distintos tiempos se entrelazan en una historia que habla de una muchacha que se descuida y ve morir a su hermana pequeña, que intenta comunicarse con su padre a través de una curiosa máquina del tiempo fabricada con una batidora, que a su vez intenta reunirse con el amor de su vida, muchísimo tiempo más tarde, en medio de una plaza de su barrio de infancia.

Se trata de relatos con motivos recurrentes, con personajes inmigrantes en Argentina o paseando por Europa; o de historias que suceden en un mismo lugar pero en distintos tiempos, como en un infalible palimpsesto. Vueltas de tuerca, como el cuento “Madison, los puentes de” en que se reescribe la famosa escena del semáforo en la película Los Puentes de Madison.

Cuentos, muchos, para contener la respiración al descubrir dónde se encuentra la equivocación en el transcurso de todos esos viajes.

 

Un edificio de historias

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libro-novela-esther-cross-kavanagh_MLA-F-113224840_184Kavanagh de la argentina Esther Cross es a la vez cuento, novela y edificio. Es un edificio distintivo de la ciudad de Buenos Aires, un edificio que la autora miraba siempre desde abajo cuando niña y que luego visitaría ya de grande, luego de ya inventadas estas historias.

Porque Kavanagh es un libro de cuentos dedicado a este edificio, y cada uno de los relatos se adentra en un apartamento, una vida, una historia. Como la del polaco traductor de Conrad, que quiere traducir a este escritor al polaco para que luego vuelva a ser traducido al inglés, en otro tono, ahora “más real”; o el príncipe venido a menos a quien no le alcanza nunca para pagar las cuentas; o la mujer que vive en el 7-C junto a su perro Orson y que desde varias de las historias nos cuenta acerca de una pareja de amantes mal disimulados, un hotel al cual espía desde su telescopio, o unos vecinos que se demoran meses en hacer remodelaciones en el piso de arriba, alterando su rutina irremediablemente.

Kavanagh puede leerse como libro de cuentos, pero también funciona perfectamente como novela. Con las historias de Stella y su perro (y sus ansias de ser escritora, con un escritorio que va devorando lentamente su apartamento, o su tiempo de ocio gastado en asistir a la reunión del Brenda Meyer Club) como hilo conductor, como el ascensor que lleva a cada uno de estos peculiares apartamentos. A veces lentamente, a veces con rapidez.

Cross escribe con simplicidad, sin muchos adornos. Con una ironía precisa, y las referencias a libros y películas exactas. Su libro recuerda a La Elegancia del Erizo de Muriel Barberry, pero con un tono más oscuro, un humor negro y reluciente.

Un gran-gran libro.

Drown

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drownDrown es el primer libro de Junot Díaz.

Soy fan declarada de este escritor, he peregrinado a cuanta feria del libro/charla en centro cultural ha dado por estos lados, desde que leí su novela ganadora del Pulitzer: The Brief Wondrous Life of Oscar Wao. El libro de cuentos que le sigue, y que publicó este año, This is How you Lose Her es de las mejores cosas que he leído en mucho rato.  Díaz tiene un humor fulminante, capaz de congeniar referencias a bachatas, a cultura popular dominicana, todo mezclado con superhéroes, referencias políticas y de paso alguna mención a Foucault u otra pieza del mundo académico.

Uno se ríe con sus historias de hombres creciendo como a patadas en New Jersey o República Dominicana. Eso, claro, en estos dos últimos libros.

Porque la historia en Drown en distinta. Hasta el título lo anuncia, con todo un soundtrack ominoso. Porque en estos cuentos hay como una desesperación en carne viva, un dolor que se trata de ocultar tras capas y capas de ironía y sarcasmo, sin lograr ser realmente exitoso. Los personajes de estos cuentos sí, parecen siempre un poco a punto de ahogarse: en una ciudad que no los recibe nada de bien, en un cuerpo deforme luego de haber sido atacado cuando bebé por un cerdo (no, no es broma. Sí, es absolutamente perturbador y terrible), en una familia con un padre fantasma que sobrevive en fotos envejecidas y cartas que llegan tarde, mal, y nunca.

No me malentiendan, estos cuentos son impresionantes. Pero se leen como a pedradas. Y no hay risas ni referencias pop que los alivianen.

Estos cuentos duelen. Valen toda la pena del mundo (y la pena es harta).

Un olvido incómodo

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tras-las-huellas(Terminados mis exámenes, vuelvo por fin al blog. Espero retomar el ritmo de antes y postearles algo todos los días. Acá vamos…)

A la protagonista de esta novela (Tras las Huellas de mi Olvido) se le olvidó algo y no sabe qué. Y el olvido se le hace incómodo, como una piedrecita en el zapato. Deambula por Ciudad de México y examina sus días, sus decisiones pasadas, sus órdenes y desórdenes: la relación bipolar que tienen su madre con su padrastro y la extraña dinámica familiar que ocasiona, los recuerdos de la muerte de su padre, el novio al que ha dejado de querer, el abuelo al que decide visitar en un día diferente al habitual, recibiendo una revelación en pleno rostro.

Y nada.

Me gusta cómo escribe Bibiana Camacho (es el seudónimo de esta escritora mexicana, que es, a la vez, el nombre de su abuela). Hay una simplicidad luminosa en sus palabras. Dan ganas de seguirla a todos lados.

Dice en un momento la narradora: “Me detengo. A pesar de los rayos inclementes del sol, no hay sombras. Tampoco hay gente que las proyecte, pero ni los edificios, ni los arbustos y mucho menos yo misma proyectamos sombra. Parece que estuviera dentro de una maqueta de la ciudad,  a la que alguien olvidó agregar personas.”

O, en otro momento: ” En cierto modo tenía razón. Uno no deja de amar a alguien de la noche a la mañana. No sé si el amor llega de golpe, quizás es algo que maquinamos en la cabeza como una abstracción y después sucede, y sucede tan de repente que parece salido de la nada. Entonces se materializa en alguien.  Lo que era cierto es que mi amor por él no había acabado de la noche a la mañana, lo había presentido, supe que se iba y no hice nada para detenerlo.”

Si le gusta, lea Los Ingrávidos de Valeria Luiselli. Otra prosa luminosa, aunque el tema es distinto. Escribí una reseña a ese libro aquí.