Archivos Mensuales: noviembre 2012

Una pena luminosa

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(he tenido medio abandonado este blog. La culpa la tienen mis exámenes doctorales que me condenan a estar leyendo mucha teoría literaria que, creo, les va a aburrir si la empiezo a incluir aquí. Pero estoy volviendo…)

La luz difícil (Alfaguara, 2011) es un libro triste. Triste-tristísimo. A veces parece que va a caer en el terreno de lo cursi pero siempre, siempre-siempre, acaba por sortear el peligro. Su autor es un colombiano, Tomás González, de quien ahora me dan ganas de leerlo todo.

Cuenta la historia de la muerte de un hijo en Nueva York. Un hijo que decide morir, en plena juventud, luego de años interminables de dolores horribles producto de una enfermedad crónica. La novela intercala los capítulos en los cuales se revela la noche infinita de esta familia, esperando que se apague esa vida (en otra ciudad del país, a la distancia) y los capítulos en los cuales se cuentan los últimos días de ese padre de familia, ya viejo, también esperando su turno para partir.

El padre es un artista que va intercalando sus reflexiones sobre el dolor y la muerte con aquellos sobre la belleza y el arte. También el amor. En sus últimos momentos, ya va perdiendo la vista, y debe dictar sus memorias a una joven asistente.

La novela es breve (sólo 132 páginas) pero en cada uno se ve un equilibrio perfecto entre las palabras y el silencio.

Una novela sobrecogedora.

En el fondo, todos somos malas personas

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Los cuentos de Steven Barthelme son magistralmente brutales.

Tremendos.

Como recibir una paliza en un callejón oscuro justo-justo durante el peor día de tu vida.

(Y que te filmen y, al día siguiente, proyecten el video en tu lugar de trabajo).

Así de mal lo pasan los personajes. El lector, en cambio, desde la comodidad de su hogar o su lugar de lectura, tiene el privilegio de deslumbrarse frente a estos relatos tan bien escritos y apretar los dientes frente al infortunio de estos seres que, además, son todos bastante despreciables.

Se trata de historias que hablan de personajes que van como dándose cabezazos con la vida, una y otra vez. Que toman decisiones que parecen escupirlos de vuelta. Historias como la de un hombre desesperado, en rápido proceso de decadencia, que vive de pedirle plata a su ex para…ir al casino, con el sueño de ganar una fortuna para así poder recuperar a esa misma ex. O la historia de un hombre exitoso que decide dejarlo todo por la “libertad” de fugarse a un pueblo pequeño de Estados Unidos, donde se le acaba la plata y la felicidad y termina arreglando autos en un taller. Personajes con la piel en carne viva, como el hombre que espera, insomne, la llamada que le va a avisar de la muerte de su padre, o la joven que, desde un cielo bastante especial, observa con ironía cómo su novio-poeta-chanta se hace famoso escribiéndole poemas a ella, su muerta amada.

Personajes para cachetearlos. Con la L de losers tatuada como con fuego.

Cortázar solía decir que nadie mirado bien de cerca podía considerarse nomal. Acá en el mundo de Barthelme la lógica parece ser: nadie mirado suficientemente de cerca puede ser considerado una buena persona. (Pero, como sugiere el título, “hush, hush”, no se lo diga a nadie).

Si le gusta, vea Felicidad, la película de Todd Solondz.