La belleza de cambiar de opinión

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Ayer fui a ver a Zadie Smith. Presentaba su novela NW en DC.

“Fui a ver” no llega ni a los talones de la experiencia. Para mí ir a ver a Zadie Smith equivalía a una verdadera peregrinación literaria. Un viaje en el espacio y en el tiempo también. Porque la verdad es que yo no quería ver tanto a la Zadie Smith de NW (una novela que hasta el momento me ha parecido presuntuosa y medio intragable) sino que a la de Dientes Blancos, la chica de 28 años que terminó esa grandiosa primera novela mientras estudiaba para su exámenes (y una de mis role models de la vida).

Me encontré, claro, con la escritora de NW, una mujer guapísima pero no muy amable con su público (mejor dicho: fanaticada), alguien que contestaba a las preguntas medio con desgana. Me fui del lugar, con autógrafo y todo, algo decepcionada. Eso, hasta que llegué a mi casa, y me puse a leer Changing my Mind, Occasional Essays, una colección de sus ensayos publicados en la New York Review of Books, y otros de sus textos críticos y discursos ofrecidos en universidades.

Para aplaudirla, la verdad. El ojo lector de Smith es de una sensibilidad maravillosa, tanto cuando se refiere a sus experiencias como lectora (y sus ensayos van sobre novelas relativamente recientes como Netherland  así como también sobre figuras como Kafka o E.M.Forster) como cuando se detiene en su oficio de escritora.

En una oportunidad, Zadie Smith al preguntársele sobre el tema dijo: “No hay que romantizar la tarea del escritor. Se trata de ser capaz de escribir buenas oraciones, una tras otra, nada más”. Ayer, en la charla, una chica osó preguntarle por su “inspiración”, por sus personajes, si ellos “le hablaban”…y Zadie, con la sonrisa más irónica de la vida, le dijo que ella no se “inspiraba”, que sus personajes no eran personas (ergo, no le “hablaban”), que ella se sentaba a escribir y punto.

En esta colección de ensayos, su disección del trabajo del escritor no es tan brutal y frío (algo de eso hay igual), pero sí grandiosamente iluminador y eficiente. Es más, ya sólo por ese ensayo sobre escribir (“That Crafty Feeling”) vale la pena comprar este libro. Allí, hace la distinción entre los, según ella, dos tipos de escritores: macro planners y micro managers. Los macro planners son quienes investigan toman notas, hacen esquemas infinitos, antes de escribir una sola palabra; los micro managers son quienes van palabra a palabra, adornando cada detalle antes de avanzar al siguiente, escribiendo de largo, sin detenerse. Ella es del segundo tipo y todos sus consejos hacen/hicieron tanto pero tanto sentido.

Una grande Zadie. NW o no.

Si le gusta y quiere seguir con ensayos, lea How to be alone de Jonathan Franzen.

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Un comentario »

  1. Ajá. Zadie Smith! Alguna vez, cuando empezaba a estudiar inglés, le pregunté a una profesora que me recomendara un libro y me dijo “White Teeth”. Conversé, muy brevemente, con ella cuando me firmaba mi autógrafo en un Barnes and Noble y me pareció muy simpática. A mí también me parecía un gran descubrimiento su novela, hasta que leí The Satanic Verses y Midnight Children, y claro, sin quitarle mérito, pero su forma de escribir viene de Salman Rashdie. Igual ,siempre me queda la primera buena impresión de ella y la generosidad con que conversaba conmigo esa tarde. Tal vez el día que la vistes ya estaba cansada, tal vez había demasiada gente, tal vez… Veo que al final mencionas How to Read Alone. Tremendo libro de ensayos.

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