Con los dientes apretados

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Un niño viaja con su padre al Norte, con una lista y la boca llena de sangre.

Un joven viaja con su padre a Buenos Aires, con otra lista y aún más preguntas en su cabeza.

Camanchaca, la novela de Diego Zúñiga, hoy reeditada por Random House, se construye como un preciso inventario de ecos, de voces (inquietudes, dolores, traumas) que resuenan de un viaje a otro que el protagonista realiza con su padre y su nueva familia. Voces que también suenan como fantasmas, como las palabras que el joven captura en su grabadora, en alguna de las muchas entrevistas (tristes, descarnadas) que le hace a su madre.

Son personajes adoloridos. Machucados, incluso, como se diría en buen chileno. Como los dientes que le sagran en la boca al protagonista, dejando ese sabor metálico en todo lo que come, en todo lo que dice.

Personajes que se construyen en intermitencias, en los intersticios de lo no dicho.

Una novela que se va apagando de a poco y dueña de una belleza triste, frágil, precaria, que sorprende y conmueve al mismo tiempo.

Si le gusta, me parece que la novela-hermana de Camanchaca, la compañera de viaje perfecta, es sin duda Hablar Solos de Andrés Neuman.

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