Las ficciones que nos (des)arman

Estándar

Alameda tras las rejas, de Rodrigo Olavarría (chileno), es un eterno deambular, a ratos a los tumbos, a ratos con una dirección más clara. Un deambular que no es solo un movimiento físico, por las múltiples calles y espacios en general que atraviesa el protagonista, sino que también un deambular por las ficciones que le dan sentido (aunque probablemente “sentido” no sea la palabra; implicaría un afán de coherencia totalizante que, me parece, no viene aquí al caso).

El protagonista (cliché o no) tiene el corazón roto. En más pedazos de los que (parece) va a poder volver a pegar. El desamor, la desilusión, se hacen carne pero también se hacen cita, se hacen referencias librescas, alusiones a películas, un insistente recalibraje de particulares melodías.

Se trata de una novela que habla, como ventrílocuo, a través de otros textos (y textos de otros): poemas, letras de canciones, relatos de aventuras (urbanas) contadas con el formato propio de los libros de aventuras de antaño, o de Don Quijote, incluso el mismo protagonista habla “como texto”, vale decir, ya no en diálogos o interacciones con otros personajes sino que a través de las entradas de su diario de vida en las cuales, muchas veces, se increpa a sí mismo como a un otro, un “tú”.

La historia hace referencia a las canciones de Tom Waits y Leonard Cohen con insistencia. Parecen ser el soundtrack oficial y, la verdad, esta novela se “escucha” también (y tan bien) como algunas de sus canciones. Como una bella desesperación, a veces contenida, a veces algo resquebrajada, oxidada, a veces a punto-a punto de desbordarse.

En un momento el personaje dice: “Se siente como si en cada poste hubiera un letrero de Se Busca con mi rostro mal dibujado. Creo que gasto demasiado tiempo mirando por el espejo retrovisor, porque estoy siempre huyendo de algo, porque cada vez que puedo me cambio el nombre”

O, más adelante,

“Se sale del libro a lo que venga como se sale de noche. Creo que si el universo es una catástrofe tranquila, se escriben libros para destruir de forma invisible, sin el escándalo de la destrucción”

Alameda tras las rejas tiene poco más de 100 páginas, es cierto. Pero 100 páginas de plomo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s