No aceptes caramelos de extraños

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Y por fin pude leer el libro de cuentos de Andrea Jeftanovic.

Y es absolutamente perturbador.

Fascinantemente perturbador, también.

Se trata de once relatos que tienen como gran inspiración e hilo conductor la infancia, así como también ponen énfasis en la ciudad, su vertiginoso movimiento, y todos los problemas que esto trae consigo.

Historias acerca de niñas que un día salen de casa para ir a la escuela y se pierden irremediablemente, de hijas que ven a su padre enfermo decaer cada vez más en un horrible hospital, de mujeres despertadas a medianoche con la noticia de un accidente de sus hijos, o de una pareja de años que se resiste con violencia a caer en la rutina.

Cuentos que tienen como telón de fondo la pedofilia y el abuso infantil , siempre presentes en los medios, siempre permeando estos relatos.

Se trata de una mirada aguda, y oscura también a ratos, sobre la cotidianeidad. Esas facetas que se esconden debajo de la alfombra, de las que no se habla mucho, pero que acá, en esta colección, tienen todo el escenario para ellas.

Mención aparte tiene el estilo de escribir de Andrea, que parece ir moldeando el lenguaje a su paso, sacándole brillo pero también desafiándolo a llegar a todos sus extremos.

Cuentos breves que golpean como cachetadas.

Si le gusta, lea No entres tan deprisa en esa noche oscura, de Antonio Lobo Antunes.

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