Archivos Mensuales: septiembre 2012

La seguridad de los objetos

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A.M.Homes es ídola.

Y, si bien todo lo que escribe es bueno/recomendable, acá me quedo con una colección de cuentos (porque sí, ando medio pegada con el formato ése últimamente) que releo cada cierto tiempo, casi como training obligado antes de tratar de escribir algo. Se llama The Safety of Objects y es genial. Despiadadamente genial.  Historias de personas en particulares momentos de desesperación que parecen aferrarse al humor negro y la ironía como tabla de salvación.

Una madre se siente atrapada cuidando a su hijo que quedó vegetal luego de un accidente, y hace un macabro tour por su casa, mostrando el lugar donde estaba cuando se enteró de la noticia, convirtiendo su encierro en un museo del dolor y el desencanto; un chico (en realidad una niña que viste de chico) se deja raptar por un hombre que echa de menos a su hermano ya muerto; un hombre queda cesante y se inscribe en un ridículo concurso de centro comercial.

Cuentos como cachetadas. Que duelen y te dejan bien despierto.

Si le gusta, vea la película/adaptación de esta obra que está verdaderamente buena. La actuación de Glenn Close como la madre del chico accidentado es impresionante.

Y siga leyendo a Homes. Con cualquiera le achunta.

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La Breve y Maravillosa Escritura de Tania James

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Llegué a Tania James por Junot Díaz, quien se refirió a sus libros como “lo mejor que había leído en mucho tiempo”.

Y, la verdad, tiene harta-harta razón.

Los cuentos de James son perfectos. (Ahora me estoy leyendo su primera novela, que es anterior a esta colección que comento aquí y va increíblemente bien encaminada).

Aerogrammes sitúa sus historias en lugares que van de Sierra Leona al Midwest norteamericano, con relatos que hablan de luchadores en decadencia, de una niña que crece junto a un mono, en una bizarra y triste familia, de una mujer en una casa de ancianos que se obsesiona con un chico de la India a quien ella apadrina a la distancia, todo contado con una sutileza y perfección que desarman verdaderamente al lector.

Historias todas de familias a medio armar, con abuelos que creen que en el baño de la casa se esconde un portal para viajar en el tiempo (para asombro y curiosidad de su nieto) a un joven que intenta rescatar desesperadamente la memoria de su padre ya muerto por medio del análisis exhaustivo, minucioso, doloroso, de su caligrafía (el mejor cuento de la colección, a mi gusto: “The Scriptological Review. A last letter from the editor” )

Cuando llegan a mis manos libros así de buenos, me dan ganas de tener un sistema de calificación que, en lugar de estrellitas, tuviera Wow(s) o fuegos artificiales, algo.

En este caso: wow-wow-wow

Si le gusta, acompáñeme leyendo la novela de Tania James: Atlas of Unknowns.

PS: Aprovecho de dejarles la página web de la autora. Enjoy.

Los cuentos de Murakami

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Sé que hace poco les recomendé la tremenda novela de Murakami: 1Q84 y que, en realidad, ya todos sabemos que el tipo es bueno. Que va derechito a ganarse el Nobel un día de estos.

Pero, si bien es cierto que las novelas de Murakami han recibido muchísima atención en los últimos años, sus cuentos han pasado más bien desapercibidos. Y no se lo merecen.

Porque Murakami es un cuentista NOTABLE. Así, con mayúsculas. Con mayúsculas para unos cuentos en minúsculas, que se leen despacito, que van soprendiendo de a poco, emocionando de a poco. Doliendo de a poco también.

En After the Quake, seis cuentos hablan de vidas a medio camino, de historias que nunca logran completarse del todo, siempre con el terremoto de Kobe como trasfondo. Las imágenes del terremoto se infiltran en la cotidianeidad de los protagonistas a través de la televisión, a veces en idiomas que no se entienden, a veces como una pesadilla que asusta a Sala, la pequeña niña del cuento “Honey Pie” (mi favorito personal : ) )

Murakami nunca se pierde en largas descripciones o diálogos, siempre atento al pulso perfecto, a la sencillez que comunica a través de la sutileza y sus silencios. Y sus palabras son siempre precisas. Y precisamente perfectas.

En una historia, una mujer, traumatizada por el terremoto, abandona a su marido dejándole una nota que dice “You are good and kind and handsome, but living with you is like living with a chunk of air”.

(Ouch)

O, en otra, describe la terrible resaca del protagonista de la siguiente manera: “His head felt as if it had been stuffed with decaying teeth during the night”

(Seco)

No digo más.

Cómo leer el aire

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How to read the air es una novela preciosa/increíble.  La compré ayer porque el autor (Dinaw Mengestu, de origen etíope) viene hoy a mi universidad a dar una charla y, desde que lo empecé, ayer a las 6 de la tarde, que no pude parar de leerlo hasta muy tarde en la noche (momento en que me fui a dormir con el cargo de conciencia de tener que trabajar hoy) y terminarlo esta mañana con mi desayuno (y en lágrimas).

Glorioso. Triste. Magnífico. Bello.

(Me dan ganas de inventar adjetivos nuevos para regalarle a esta novela).

La novela cuenta dos historias paralelas. La de un hijo que recrea el último viaje que hicieron sus padres (que tenían una relación bastante triste y marcada por la incomunicación), aprovechando de contar con ello sus historias, y, la historia de la vida de este hijo, sus fracasos laborales y su distancia cada vez más insalvable con su mujer, Ángela.  Pero más que esos trazos mayores, esta novela es sobre los detalles que construyen la intimidad de la experiencia inmigrante (con un padre obsesionado dibujando barcos o imaginando un lenguaje nuevo a partir de los tamaños y texturas de las cajas que ve en bodegas, una madre que se siente incómoda en el lenguaje, una novia desesperada por tener algo a lo que llamar “mío”). Todos personajes que se esfuerzan por “leer el aire”, evitar el desastre, seguir caminando…

La novela – acabo de revisar- ya fue traducida al español como El Lugar del Aire.

Y usted, en el idoma que sea, la TIENE que leer.

Una cita: “They spoke to each other in whispers, half in Amharic, half in English, as if any one word uttered too loudly could reveal to both of them that, in fact, they had never understood each other; they had never really known who the other person was at all”.

Con novelas como ésta solo queda decir WOW. Y seguir leyendo.

(Mengestu tiene otra novela, The Beautiful Thing that Heaven Bears, y voy a por ella en este minuto. Ya les cuento qué tal).

 

1Q84: Un “Everest” de papel.

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Hace tiempo que no tenía una experiencia de lectura como ésta.

Eso de estar una semana entera (o un poco más) siguiendo una historia, larga, impresionante.

1Q84 se apoderó de mis pasadas dos semanas. Se quedó en ellas, se instaló soberanamente, y casi no me dejó leer (ni hacer) nada más. Una historia de más de mil páginas, en tres lindos tomos (en la versión gringa, en español va en dos tomos más gordotes).

Acá yo debería decir algo seudo-sesudo como que, en esta cultura y tiempos de la inmediatez, leerse un novelón así es regalarse una experiencia del tiempo distinto. Y es verdad. Lo sabe Murakami también que, en una parte de la historia, pone a uno de sus personajes a leer En Busca del Tiempo Perdido, de Proust. Otro novelón. El personaje puede leerlo porque está a la espera de algo y debe esconderse del mundo para ello; es la única instancia – dice otro personaje, el que le regala el libro- en que puede leerse algo así.

Es verdad.

Es otro tiempo. Y es otro el mundo de 1Q84.

Una historia de amor IMPRESIONANTE cubierta por capas y capas de fantasía, suspenso, ciencia ficción, todo. Dos personajes, Tengo (nombre que para los hispanohablantes igual hace ruido) y Aomame comparten un momento de sus vidas a los 10 años. Veinte años después, dolores, traumas y una soledad implacable mediante, comienza esta historia que sigue cada uno de sus destinos que incluyen asesinatos por encargo, clases de matemática, oficiar de ghostwriter, sectas secretas y desplazarse por todo Tokyo y alrededores.

Uno sale feliz de esta experiencia de lectura. Agotada totalmente, en un millón de niveles, pero feliz. Es cierto que el libro no es barato, pero creo que no se me ocurre un mejor regalo para un buen lector.

Si le gusta, vea In The Mood for Love de Wong Kar Wai.

Junot Díaz: Superestrella

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¿Puede encargar este libro?

¿Así como ahora, en este momento?

(y le enciendo velas mentales a quien esté traduciéndolo al español para que llegue pronto-prontísimo a librerías en Chile).

Junot Díaz se pasó. Uno que esperaba con ansias a la vez que albergaba la duda malsana de que pudiera estar a la altura de su novela ganadora del Pulitzer (y absolutamente genial-delirante) The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, encuentra en este libro de cuentos/novela (se puede leer, resulta, de ambas formas) This is how you lose her todo lo que esperaba, imaginaba/soñaba y más.

(Sí, soy fan ferviente de Junot Díaz- a punto de mandar a hacer polera, chapita y poster de este libro-, lo sé, pero es que…WOW)

Se trata de historias/ capítulos que cuentan la vida de Yunior (que aparecía en su anterior novela también) a través de cada una (o, la verdad, una selección) de sus mujeres. Las que le rompieron el corazón (rompieron es un eufemismo: las que le detonaron una bomba atómica adentro del corazón…y varias veces) y a las que él dejó en pedazos. Todo esto en escenarios que van de la universidad de Rutgers a Harvard, pasando por República Dominicana, New Jersey y Boston, con historias familiares que hablan de mujeres/madres fuertes, de padres que abandonan o van medio a los tumbos, de hermanos que se mueren de cáncer dejando ausencias como fantasmas.

Y, como si fuera poco, contado con una agilidad y un talento, que conjura risas en medio de pasajes dolorosos, que conserva el humor en medio de la desesperación más profunda, que tiene siempre la ironía tan a mano; y que mezcla maravillosamente las referencias más pop con las más sesudas. De X Men a Foucault en una oración.

Genio.

Rockstar.

Si les transcribiera las oraciones que subrayé, les dejaría acá todo el libro.

Igual les dejo una de regalo:

“…she was always a hundred percent on his side, as only a Latin mom can be with her querido oldest hijo. If he’d come home one day and said, Hey, Ma, I exterminated half the planet, I’m sure she would have defended his ass: Well,  hijo, we were overpopulated”.

PS: el título del libro no es el nombre de uno de los relatos, sino que la línea final de uno de ellos. De los finales más increíbles que he leído para un cuento en mucho-mucho rato.

WOW.

Una vez más: no juzgar al libro por su tapa…o su título

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Debo reconocer que me da hasta un poco de vergüenza recomendar este libro, habiendo sido traducido de esa manera. Y con esa portada.

En inglés se llama Little Bee (que es el nombre de uno de los personajes) y supongo que traducir la novela como “Abejita” no habría hecho las cosas mucho más fáciles. Pero igual. Por qué “con el corazón en la mano”? Es casi tan incomprensible como cuando en Chile tradujeron 101 Dalmatians como La Noche de las narices frías.

En serio. Qué estaban pensando.

Lo cierto es que Little Bee es una muy buena novela. De lo mejor que leí el 2010, y no puedo dejarla fuera de mis recomendaciones.  Una historia sobre un matrimonio en crisis que viaja a una playa en Nigeria para tratar de solucionar las cosas y todo sale de la peor manera posible; con un encuentro cercano con un grupo de extremistas y una chica Little Bee que a duras penas se salva de una matanza. La chica luego viaja a Inglaterra a buscar a la pareja de extranjeros, generando un descalabro de aquellos.

El narrador se pasea por los distintos personajes pero es especialmente impresionante cuando nos muestra a Little Bee y su manera de entender el mundo.

En un momento dice: “Sad words are just another beauty. A sad story means, this storyteller is alive. The next thing you know, something fine will happen to her, something marvelous, and then she will turn around and smile”.

La novela es preciosa. Y muy-muy triste. Y supongo que, sí, te deja “con el corazón en la mano”.

Lo que de todas formas no es suficiente excusa para matar esta novela con semejante título.

Si le gusta, vea  The Visitor (2007)